Como en un rompecabezas que aun no termino, mi existencia esta definitivamente ligada al mar. No son imágenes, ni sensaciones sino más bien una inexplicable familiaridad que me remite al Origen, la Fuente.

Por otro lado, convivo con las migrañas hace 22 años. Las he padecido, maldecido y librado contra ellas batallas inútiles. Hace unos pocos años descubrí que muchas de ellas estaban ligadas a procesos creativos. Son como una incontenible acumulación de sentimientos y sensaciones que por alguna razón no dejamos salir y finalmente estallan en una migraña.
A partir de entonces, las crisis han sido más tolerables, más compasivas conmigo y casi nos hemos transformado en socias.

Cuando el alma llora sus heridas y la Mujer Salvaje reclama desde lo más profundo, alguna migraña va en su búsqueda y vuelvo a nacer…

Migrañas en el Mar iba a llamarse Boltellas en el Mar, pero como nació a las 5,00 de la mañana de una jaqueca intolerable, decidí que necesitaban un poco de reconocimiento.

Migrañas en el Mar es quien realmente soy, la del otro lado del espejo, la Mujer Salvaje de Clarissa Pinkola Estes, el Ser maravilloso que hace malabares para guiar este carro caprichoso de mi existencia terrena.

Internet es el mar que nos convoca, en él vamos a la deriva y el azar ( en realidad la sincronicidad) nos sorprende entre las olas. Por eso desde aquí arrojo mis botellas al mar. El brillo será percibido solo por quienes tengan algo que ver con ellas, así que me entrego al placer de las mareas y los antojos de las migrañas.

También encontrarán los enlaces de mis hijos, dos Seres maravillosos que la Vida me dio en custodia. Ellos ahora vuelan solos, pero seguimos juntos bajo los mismos cielos.

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domingo, 10 de octubre de 2010

Nostalgias de Amarillo

Se despertó antes que sus sueños, no quería que el frágil instante le arrebatara la oportunidad.
Llevaba varias semanas modelando aquella idea de vestirse de amarillo y ver qué sucedía. Se levantó despacio y estiró cada parte de su cuerpo como si quisiera ir más allá de las convenciones.
Parado frente al espejo, dio la vuelta y se miró a través del cristal. Estaba totalmente desnudo y aquella revelación fue como un suspiro largamente contenido; se deleitó en su propia naturaleza e inició la tarea.

Mientras se enfundaba en el traje gris plomo y la camisa de impecable blanco, saboreó largamente las pinceladas amarillas con las que fue cubriendo su ansiosa piel. Empezó por los pies, quizás porque recordó el desperezar de los árboles y siguió hacia arriba, deteniéndose en cada pliegue, descubriendo, festejando…
Anudó los cordones de los zapatos negros y sintió el inmenso placer de andar descalzo sobre las texturas cambiantes.
El amarillo se regocijaba en múltiples tonalidades y en tanto él sonreía, destellos dorados iluminaban su renovada cotidianeidad.

Sentado en la cocina, dejó que el café negro recorriera la boca mientras  disfrutaba de dulces y jugosas frutas que llenaban su cuerpo de inconfesables voluptuosidades.
Se movía por la casa en un delicioso resplandor y todo era cada vez más amarillo; las cortinas, el sillón, las tazas, la vida…su vida…

Pasó aquel día entre el gris cotidiano, los aromas acres, los chirridos disonantes de los lugares de siempre, en tanto disfrutaba de cada amarillo, cada perfume, cada melodía.
Cuando las horas fueron buscando la noche, las siguió sin reparos hasta dejarse caer, gozoso y exhausto, entre las sábanas y sus sueños de conquistado amarillo.

La mañana siguiente, el cansancio hizo que despertara apenas un instante después de los sueños. El recuerdo se volvió dolorosa nostalgia y ya no quiso despertar; se entregó dulcemente  a su promesa amarilla y el espejo ya no tuvo reflejo.

Afuera, una lluvia sutil y aguda empalidecía la ciudad, mientras una pequeña nube de mariposas ambarinas se llevaba lejos su último suspiro.


ViFlor
14 11 2007

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