Puedo pasar horas frente al mar. Allí el tiempo no tiene secuencias, porque el mar es efímero y eterno, tan solo fiel a su propio ritmo.
Apacible y sereno, bravo y vehemente, ciego en el abismo y resplandeciente en la superficie, el mar es el padre y custodio de todas las contradicciones.
Sentados en la arena, mi alma me abraza y me susurra que el mar es la más exquisita experiencia existencial.
Sonrío y asiento porque cada ola es una metáfora de mi propia vida.
Anónimas y fundidas en la inmensidad, las olas se dejan seducir lentamente por el ritmo eterno. Casi sin darse cuenta empiezan a elevarse, sintiendo la fuerza profunda que las impulsa a la luz. No hay urgencias, no hay mandatos, solo el propio ritmo y la entrega.
La ola se eleva cada vez más alto, cada vez más segura. Orgullosa y radiante contempla el mundo y sin miedos, alcanza el éxtasis estallando en su propia esencia.
Miles de cristales iluminan la espuma. Por fin, humilde y exhausta, la ola se entrega, completa y serena, para regresar al inmenso mar.
Yo debo haber sido mar. Yo debo haber sido ola.
Ya recuerdo, ya regreso, ya Soy.
ViFlor
23 07 2005
qué lindo esto ma. qué fuerza.
ResponderEliminarsentirse como el mar, me gusta. reconocerse como parte de.
un besitoo ahora te sigo leyendo :)