Me zambullo en mí misma y desciendo como un pez hasta el extremo de mi columna. Pruebo en cada exhalación el rojo intenso y voraz de mi nexo terreno.
Inhalo, hundiéndome en busca del manantial sagrado y encuentro en su regazo aquello que busco sin saber, lo necesario, lo substancial.
“Valor, valor…valor” resuena en mi mente serena el reclamo ardiente que viene desde el sacro.
La música me envuelve las ansias y el cuerpo se suelta en sensaciones. Busco valor con cada fibra, lo saboreo como aquello que se bebe por primera vez.
El valor se expande en el espacio y el espacio se amplía, se multiplica en opciones y goces. Mi cuerpo, voluptuoso y pleno, lo persigue sin tregua y no reconoce los límites.
¿Quién contiene a quién?
Buscado de esta forma, el valor se vuelve goce y alegría. Es el coraje de la gracia femenina, luna y loba. El valor de mi esencia mujer que se planta sereno y firme sobre la faz del mundo.
Ungida por la gracia de este atributo recorro el planeta y con cada acorde, mis pasos se vuelven más seguros y amorosos.
Encontrar y reconocer el propio valor es reconciliarse con la tierra, atreverse a sentir la densidad como se siente el mar; emborrachar el alma de sensaciones mundanas sin temor a perderse en ellas.
ViFlor
14 04 2009
Taller de Danzaterapia: la consigna fue trabajar con el chacra basal, reconocer aquellos que necesitamos y buscarlo activamente.
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