Como en un rompecabezas que aun no termino, mi existencia esta definitivamente ligada al mar. No son imágenes, ni sensaciones sino más bien una inexplicable familiaridad que me remite al Origen, la Fuente.

Por otro lado, convivo con las migrañas hace 22 años. Las he padecido, maldecido y librado contra ellas batallas inútiles. Hace unos pocos años descubrí que muchas de ellas estaban ligadas a procesos creativos. Son como una incontenible acumulación de sentimientos y sensaciones que por alguna razón no dejamos salir y finalmente estallan en una migraña.
A partir de entonces, las crisis han sido más tolerables, más compasivas conmigo y casi nos hemos transformado en socias.

Cuando el alma llora sus heridas y la Mujer Salvaje reclama desde lo más profundo, alguna migraña va en su búsqueda y vuelvo a nacer…

Migrañas en el Mar iba a llamarse Boltellas en el Mar, pero como nació a las 5,00 de la mañana de una jaqueca intolerable, decidí que necesitaban un poco de reconocimiento.

Migrañas en el Mar es quien realmente soy, la del otro lado del espejo, la Mujer Salvaje de Clarissa Pinkola Estes, el Ser maravilloso que hace malabares para guiar este carro caprichoso de mi existencia terrena.

Internet es el mar que nos convoca, en él vamos a la deriva y el azar ( en realidad la sincronicidad) nos sorprende entre las olas. Por eso desde aquí arrojo mis botellas al mar. El brillo será percibido solo por quienes tengan algo que ver con ellas, así que me entrego al placer de las mareas y los antojos de las migrañas.

También encontrarán los enlaces de mis hijos, dos Seres maravillosos que la Vida me dio en custodia. Ellos ahora vuelan solos, pero seguimos juntos bajo los mismos cielos.

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martes, 19 de octubre de 2010

En el Medio de la Nada

En la inmensidad del océano, confundida entre la bruma y el ardiente sol, suspendida en un agujero tridimensional y sometida a las fuerzas que se disputan mi privilegio, estoy….
            Casi sin referencias adivino, sospecho, creo estar en el medio de la nada.
           
            Hacia abajo, el azul profundo que despierta mi añoranza, me reclama con el sabor dulce de recuerdos inmemoriales.
            Hacia arriba, reflejos de dorada luz, me seducen con promesas de color, textura, sabores y olores que apenas percibo.
           
            Bajar es fácil, no hay más que ceder ante el deleite de la suave caída. El mar meciendo mi inocencia. Sensaciones de regazo cálido, caigo lento y sin reparos.
            Pero subir y vencer la fuerza que me devuelve al origen, necesita de una voluntad firme y un esfuerzo que duele. 
            En los interregnos rescato mi ser y percibo el centro. Mis ojos van del azul profundo a las alturas que encandilan. Espacios poblados de miradas que me aman y  abrazos reclamando mi sustancia.
            La fuerza del impulso es abrumadora y siento miedo cuando mi cuerpo, en vertiginoso ascenso, desgarra el agua que me retiene. 
           
            Me resisto porque el abismo sabe a dulzuras de madre.
            Entonces, más allá de la superficie, una canción remota me despierta; sonrisas frescas se mezclan con un arco iris de mariposas y la calidez de tu mano me roza la piel cansada.
            Hay una tibieza que transmuta la incertidumbre: me rindo, sonrío confiada y te sigo. Después de todo, quizás, no sea tan malo.


ViFlor
19 11 2008

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