En la inmensidad del océano, confundida entre la bruma y el ardiente sol, suspendida en un agujero tridimensional y sometida a las fuerzas que se disputan mi privilegio, estoy….
Casi sin referencias adivino, sospecho, creo estar en el medio de la nada.
Hacia abajo, el azul profundo que despierta mi añoranza, me reclama con el sabor dulce de recuerdos inmemoriales.
Hacia arriba, reflejos de dorada luz, me seducen con promesas de color, textura, sabores y olores que apenas percibo.
Bajar es fácil, no hay más que ceder ante el deleite de la suave caída. El mar meciendo mi inocencia. Sensaciones de regazo cálido, caigo lento y sin reparos.
Pero subir y vencer la fuerza que me devuelve al origen, necesita de una voluntad firme y un esfuerzo que duele.
En los interregnos rescato mi ser y percibo el centro. Mis ojos van del azul profundo a las alturas que encandilan. Espacios poblados de miradas que me aman y abrazos reclamando mi sustancia.
La fuerza del impulso es abrumadora y siento miedo cuando mi cuerpo, en vertiginoso ascenso, desgarra el agua que me retiene.
Me resisto porque el abismo sabe a dulzuras de madre.
Entonces, más allá de la superficie, una canción remota me despierta; sonrisas frescas se mezclan con un arco iris de mariposas y la calidez de tu mano me roza la piel cansada.
Hay una tibieza que transmuta la incertidumbre: me rindo, sonrío confiada y te sigo. Después de todo, quizás, no sea tan malo.
ViFlor
19 11 2008