No sé si vengo del agua...o quizás venga del aire, porque en el horizonte de mis recuerdos hay una tibieza azul que aquieta mis ansias.
Un torbellino de espumas me arrojó desnuda sobre estas costas duras y extrañas. Desperté sin alas y con pulmones, la ausencia de unas no me deja volar y la presencia de los otros me impide hundirme en lo profundo.
Estoy condenada a la superficie, atrapada en la densidad.
He venido a ser fuego en la tierra, por eso nací hija del Sol, pero me siento tan huérfana, tan sola...
He venido a ser la hoguera que transmuta el pasado y el futuro en pura existencia. El fuego cuyo ardor abrasa culpas y miedos para transformarlos en luz.
He venido a descubrir mi propio fuego, pero mi llama es tan pequeña que apenas entibia la piel que me viste.
Y aquí todo es tan extraño.
Es difícil encontrarse, hay máscaras y sueños y pasados y tristezas... y yo solo quiero caminar. Quiero aprender a cuidar mi llama, quiero expandir su calor más allá de mis límites, quiero integrar el agua, el aire y la tierra.
Quiero sentir que la densidad es tan mía como el azul lejano.
Sueño que soy aire en mis creaciones, agua en mis recuerdos, tierra cuando actúo y fuego cuando triunfo.
Sueño que la densidad se disipa y la llama se eleva, que las máscaras se caen y el reencuentro me integra.
Sueño que ya no sueño porque despierto tibia y segura sobre aquellas mismas costas. Pero ahora la arena es cálida, el aire me invita, el mar me recuerda lo que fui y el fuego, mi fuego, me impulsa hacia la vida.
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